La música árabe nació en Andalucía - www.fancluboficialmalu.com

Cualquiera pensaría que el flamenco nace con la invasión de los árabes y su música. Pero es más bien al revés, como evidencia Malú, sobrina de Paco de Lucía, en su cuarto álbum, donde se enfunda en ‘otra piel’.

Mari Carmen Torrente

La música árabe nació en Andalucía. Una afirmación que parece contradecir al sentido común, pero que hoy en día no admite dudas. El pueblo más poderoso y desarrollado del momento invadió la península sin apenas elementos musicales. Es cierto que tampoco existía el flamenco, pero la música andaluza del momento influyó tanto en el pueblo árabe, que cuando estos abandonaron Al Andalus se fueron con lo que hoy en día se considera la música clásica árabe.

“Cuando los árabes llegan a España, aquí no había aún flamenco, pero sí música popular española. Los árabes traían pocos elementos musicales, pero muy variados. Y es que Arabia no era un lugar de creación musical. Los tres centros más importantes eran: Siria, Irán e Irak”, nos explicó Alfonso Pérez Orozco, historiador de la cultura flamenca, que ha impartido clase incluso a alumnos de la Universidad de Hamilton y reconoce que los mejores foros de flamenco en internet son norteamericanos (flamencodisc y flamencodancer). “Los árabes trajeron una música y se llevaron otra mucho más enriquecida. Esa música hecha en España queda como música clásica árabe”. Precisamente Malú ha querido dejar patente ese hermanamiento entre ambas músicas con los ritmos árabes que se aprecian en Otra piel, su cuarto álbum. “Hay una canción, Hechicera, cuyo título original, en egipcio, es ‘Yalla Bina Yalla’, de Mohamed Helad. La conocí cuando era muy pequeña, veraneando en Algeciras. Hace un par de años la volví a escuchar, y empecé a recorrer escuelas de danza del vientre hasta que encontré una donde me dieron un cedé con esta canción”. Si bien el estribillo lo canta en árabe (pronunciado según el habla latino), el resto está en castellano. Pero Malú no sólo se atreve con el cante, sino también con la percusión. Tanto que toca las palmas con un cascabel y mueve la cintura con un pañuelo de monedas al que lleva adosado un micrófono.

“Es un disco dinámico, con sonidos más étnicos,”, gracias al cual habrá podido comprobar que flamenco y música árabe comparten lo que se denomina ‘melisma’, según nos explicó Pérez Orozco. “Es la manera de cantar sin palabras, modulando la voz, o quedándose sólo con una sílaba. Los tientos y los tangos tienen compases que marroquíes y andaluces cantan de un modo muy sencillo. Para un marroquí es imposible seguir el ritmo de un fandango o una alegría”.

Una tortura como método de canto
El intelectual y artista Ziryab llegó en el siglo X a Córdoba, procedente de Bagdad, donde instaló el primer ’Conservatorio’ de música del mundo islámico, según investigaciones realizadas por Mª Feliciana Árgueda Carmona, de la Universidad de Córdoba. Lo más llamativo de su método eran sus tácticas de tortura. “Utilizaba varios ejercicios para la enseñanza del canto; uno de ellos consistía en sentar al alumno en una almohada de cuero y que éste forzara la voz. Si tenía voz potente, comenzaba su enseñanza, sin otra preparación; pero si la voz era escasa, le ataba al vientre un turbante, para fortalecerla, no dejando a la voz gran espacio en la parte central del cuerpo, al salir por la boca. Si el alumno cerraba ésta al cantar, le recomendaba que se metise en la boca un trozo de madera de tres dedos de ancho y lo tuviera unos días, hasta conseguir separar las mandíbulas”.

Otra de sus aportaciones fue añadirle la quinta cuerda al laúd, instrumento traído por los árabes y que evolucionó hasta convertirse en la guitarra, cuya sexta cuerda fue añadida por Décimo Spinel, quien fuera el creador también de la décima (estrofa literaria). Spinel llegó a España con unas 10.000 canciones, como explicó Águeda en unas jornadas durante las que presentó el trabajo ‘La educación musical en el califato de Córdoba’.

Ni faldas ni maquillaje
Con sencillez ante todo. Así se viste Malú, que rehúye de faldas y maquillaje, esto último “sobre todo a plena luz del día”. Eso sí, a la hora de subirse a un escenario, la sofisticación gana terreno, aunque, por norma general, se declara poco amiga de las faldas. Le encanta ir de compras, sobre todo acompañada por su madre y, aunque no le gusta hacer publicidad, una de sus marcas favoritas es Miss Sixty, de la que luce pantalòn y camisetas en estas fotografías. “Pero no te creas que me regalan mucha ropa”.

Si bien no es muy amiga del maquillaje, se mostró muy agradecida cuando Bourjois apareció en el restaurante y la obsequió con un variado lote de productos. “¿Todo ésto es para mí?”, exclamó quien, sin embargo, no dejó que la retocaran. Y es que tiene un estilo propio y le gusta acicalarse ella misma, con un aspecto natural. Amante de los tatuajes y los ‘piercings’, como apuede apreciarse en las fotografías, no es asidua de los gimnasios. “Sólo con ver unas escaleras salgo huyendo” y, si bien considera que su trabajo no le deja mucho tiempo libre, reconoce que cuando sale de marcha se dirige a locales donde pueda bailar.

Quien comenzara a los 15 años de la mano de Alejandro Sanz (a quien vió mientras grabó su último disco en Miami, lugar que combinó con México) echa la vista atrás, a sus 21 años, y admite haber vivido muy deprisa. Quizás siga los pasos de su padre, Pepe de Lucía, nominado para los IV Grammy latinos en la categoría de mejor álbum flamenco, que se concederán el 3 de septiembre.


08 de agosto de 2003